Intervención de S.E. Noemí Espinoza Madrid en el III Foro de Desarrollo de América Latina y el Caribe con China
Señoras y señores:
Es un verdadero honor estar hoy en Zhengzhou, en este tercer encuentro entre América Latina y el Caribe y China.
Agradezco especialmente al SELA y al Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia China de Ciencias Sociales por convocarnos nuevamente a este diálogo.
Nos encontramos en un momento profundamente transformador.
Las tensiones geopolíticas, la reconfiguración de las cadenas globales de valor, las transiciones tecnológica y energética y las crecientes presiones sobre el sistema multilateral están modificando no solamente la economía mundial, sino también las formas en las que nuestros países se relacionan, cooperan y construyen su futuro.
Ante esta realidad, podríamos optar por replegarnos. Podríamos aceptar la fragmentación como inevitable.
Pero tenemos la oportunidad de elegir otro camino: hacer de la integración y de la cooperación herramientas para reconstruir confianza y capacidad de acción colectiva.
Desde la Secretaría de la Asociación de Estados del Caribe creemos profundamente en esa posibilidad.
Frente a un escenario internacional cada vez más complejo, la integración adquiere un significado que va mucho más allá de lo económico, es también un activo estratégico del multilateralismo.
Esto es particularmente importante para América Latina y para el Gran Caribe.
Somos una región de enorme diversidad y riqueza. Diferentes en territorio, población, capacidades productivas y niveles de desarrollo. Pero compartimos una geografía y, sobre todo, compartimos un mar que nos conecta y hace que muchos de nuestros desafíos y oportunidades sean inevitablemente comunes.
Individualmente, muchos Estados y territorios del Gran Caribe enfrentan limitaciones y desventajas estructurales. Colectivamente, la ecuación cambia.
Colectivamente, podemos construir escala política.
Porque la integración no consiste solamente en sumar países; consiste en sumar capacidades.
En un momento en que el multilateralismo global enfrenta profundas tensiones y sus mecanismos no siempre han logrado responder con la eficacia necesaria, debemos volver la mirada hacia las regiones.
Y, desde nuestras regiones, debemos ser capaces de mirar hacia el mundo y construir puentes entre regiones.
Necesitamos un multilateralismo práctico, que no se construya únicamente desde los grandes centros de poder, sino también desde nuestras propias capacidades: desde nuestra posibilidad de encontrarnos, identificar intereses comunes y convertirlos en compromisos concretos.
Desde esa perspectiva, mecanismos como el SELA y la AEC son fundamentales: nuestros mandatos y capacidades son distintos y, precisamente por ello, complementarios.
Este Foro demuestra lo que podemos alcanzar cuando esas capacidades convergen alrededor de una agenda compartida.
Desde sus primeras ediciones ha buscado articular gobiernos, organismos de integración, academia y otros actores alrededor de una agenda compartida entre América Latina y el Caribe y China. Hoy tenemos la oportunidad de avanzar hacia la consolidación de ese diálogo como una plataforma permanente de cooperación.
Y para hacerlo quizá necesitamos también revisar algunas de nuestras propias ideas sobre la integración.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe ha planteado recientemente la importancia de avanzar hacia formas más flexibles de cooperación regional: evitar alineamientos rígidos, privilegiar acuerdos viables sobre la búsqueda permanente de unanimidad, transformar nuestros mínimos comunes en compromisos concretos y priorizar las funciones y los resultados sobre las formas institucionales.
Esta reflexión es particularmente pertinente en el momento que vivimos.
Nuestra diversidad no tiene que ser una limitación. Puede ser una fortaleza. No necesitamos avanzar todos al mismo ritmo ni de la misma manera. Podemos construir acuerdos alrededor de objetivos concretos y permitir que los resultados generen la confianza necesaria para ampliar progresivamente nuestra cooperación.
La Asociación de Estados del Caribe tiene una capacidad singular para hacerlo.
Reunimos a 25 Estados Miembros y 10 Miembros Asociados en una geografía que va mucho más allá del Caribe insular. El Gran Caribe reúne a Centroamérica y México, a Colombia y Venezuela, y a los Estados y territorios insulares del Caribe alrededor de un espacio que nos conecta y nos hace profundamente interdependientes: el Mar Caribe.
El Mar Caribe es nuestro principal bien público regional.
De su salud dependen nuestras economías, nuestra seguridad alimentaria, nuestras comunidades y una parte esencial de nuestra identidad. Pero es también conectividad: el espacio por el que circula nuestro comercio, nuestra historia y los vínculos entre nuestros pueblos.
Al Gran Caribe no le faltan activos. Nuestro desafío es convertirlos en capacidades.
Para hacerlo necesitamos inversión, conocimiento, tecnología y conectividad.
Necesitamos socios.
Y es aquí donde nuestra relación con China adquiere una importancia particular.
La relación económica entre China y América Latina y el Gran Caribe ha alcanzado una dimensión que habría sido difícil imaginar hace apenas algunas décadas. China representa hoy uno de los principales socios comerciales de nuestra región y el intercambio bilateral alcanzó aproximadamente 477 mil millones de dólares en 2024.
Pero la pregunta más importante para nosotros no es solamente cuánto más podemos comerciar.
La pregunta es qué tipo de relación queremos construir para las próximas décadas.
Desde la perspectiva de la Secretaría de la AEC, queremos una relación basada en el respeto mutuo y el beneficio compartido; una relación que fortalezca nuestras capacidades productivas y tecnológicas, amplíe nuestra conectividad, genere oportunidades y permita que los beneficios de la cooperación lleguen a nuestros pueblos.
Porque la infraestructura, la inversión, el comercio y la tecnología son instrumentos indispensables. Pero la aspiración es el bienestar individual y colectivo.
Y aquí quiero detenerme en una idea.
Durante décadas hemos pensado la integración fundamentalmente desde la proximidad geográfica.
Integrarnos más entre nosotros continúa siendo indispensable. Pero el mundo actual nos exige algo más: construir puentes entre regiones.
Puentes para intercambiar conocimiento y tecnología, conectar capacidades y construir acuerdos productivos.
La relación entre América Latina, el Gran Caribe y China puede ser uno de esos puentes. Para construirlo debemos tener claridad sobre qué necesitamos, qué podemos aportar y qué estamos dispuestos a construir conjuntamente, desde el respeto, la reciprocidad y el reconocimiento de nuestras respectivas prioridades.
Porque este nuevo escenario internacional también nos plantea una pregunta que, desde el Gran Caribe, debemos atrevernos a responder:
¿Será el Gran Caribe simplemente espectador de esta nueva reconfiguración geopolítica, o será una región capaz de influir en ella?
Nuestra respuesta debe ser clara. Queremos ser protagonistas de nuestro propio futuro. No desde el aislamiento. Tampoco desde alineamientos rígidos.
Queremos relacionarnos con el mundo desde nuestras prioridades y nuestros intereses; con capacidad para dialogar con todos, cooperar con todos y construir relaciones que respondan a las necesidades de nuestros pueblos.
Excelencias,
Quizá uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo sea aprender nuevamente a construir juntos: entre países diferentes, entre economías de distintas dimensiones y entre regiones geográficamente distantes.
Construir reconociendo nuestras diferencias, sin pretender eliminarlas, pero identificando aquello que podemos alcanzar cuando encontramos objetivos comunes.
Cooperar no significa someternos ni renunciar a nuestras prioridades.
Significa tener la capacidad de plantearlas con claridad, construir confianza y encontrar espacios de beneficio mutuo.
El Gran Caribe tiene los activos, la diversidad y la capacidad para hacerlo.
Este Foro demuestra que los puentes son posibles. Ahora nos corresponde convertirlos en resultados.
Porque, finalmente, nuestra integración, nuestro multilateralismo y nuestra cooperación deben medirse por aquello que verdaderamente importa: su capacidad de transformar las oportunidades de este nuevo tiempo en bienestar, dignidad y una vida mejor para nuestros pueblos.
Muchas gracias.
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