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World Meteorological Day 2026: Observing Today, Protecting Tomorrow in the Greater Caribbean

Por: Robin Alberto Montano 

 

La región del Gran Caribe es excepcionalmente vulnerable a los peligros hidrometeorológicos que continúan causando estragos en las economías y medios de vida nacionales.[1] Huracanes, inundaciones, sequías y marejadas ciclónicas ocurren con mayor frecuencia e intensidad elevada, como consecuencia directa del empeoramiento de la crisis climática. La naturaleza transfronteriza de estos peligros se modela en el reciente ejemplo del huracán Melissa, que afectó gravemente los medios de vida y las economías en Cuba, Jamaica, Haití, República Dominicana y las Bahamas. El Día Mundial del Meteorología, que se celebra anualmente el 23 de marzo, conmemora la creación de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en 1950; una organización basada en la promoción de la contribución esencial de los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales a la seguridad y el bienestar de la sociedad.[2] El tema de este año "Observar hoy para proteger el mañana" se centra en las observaciones meteorológicas y su papel para facilitar la preparación ante desastres, a través de sistemas de previsión y alerta temprana. En el contexto de la Gran Región del Caribe, la inversión en el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana y la cooperación meteorológica es esencial para la resiliencia regional y la reducción del riesgo de desastres. 

 

La recopilación y aplicación de datos meteorológicos constituye la columna vertebral de los sistemas de alerta temprana y desempeña un papel fundamental en salvar vidas y reducir las pérdidas económicas. En el Gran Caribe, estos sistemas ya han demostrado su valor. Por ejemplo, los mecanismos de alerta temprana de Cuba permitieron la evacuación segura de unas 735.000 personas antes del toque del huracán Melissa.[3] Otro ejemplo se observa en Haití, donde las previsiones de lluvias intensas en noviembre de 2023 permitieron a las autoridades activar medidas anticipadas que difundieron mensajes de alerta temprana a más de 500.000 personas y también entregaron ayuda económica a hogares vulnerables antes de las inundaciones previstas.[4]Las observaciones de datos meteorológicos clave permiten a las naciones seguir tormentas, pronosticar inundaciones, monitorizar sequías y cartografiar tendencias en el análisis climático, allanando así el camino para una toma de decisiones informada y eficaz en la preparación ante desastres. 

 

Fortalecer la capacidad para recopilar, distribuir y aplicar datos meteorológicos para impulsar el funcionamiento de los sistemas de alerta temprana es una prioridad global bajo el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 y la Iniciativa de Alertas Tempranas para Todos, que tienen como objetivo garantizar el acceso universal a los sistemas de alerta temprana para 2027.[5] Para el Gran Caribe, propenso a riesgos, estos sistemas son vitales para proteger a las comunidades e informar la toma de decisiones en sectores clave, como la salud, la agricultura, la energía y el transporte, al tiempo que apoyan los objetivos de resiliencia climática bajo el Acuerdo de París. 

 

Como se mencionó anteriormente, es innegable que la región del Gran Caribe es una de las más vulnerables al clima del mundo, expuesta a huracanes, inundaciones costeras y lluvias extremas.1 Estos peligros suponen una amenaza seria para economías nacionales y medios de vida en la región, con pérdidas anuales medias relacionadas con tormentas estimadas en torno al 17% del PIB nacional.[6] En casos extremos, las consecuencias son aún más graves; tras el huracán María en 2017, Dominica registró pérdidas económicas equivalentes a aproximadamente el 226% de su PIB nacional.6 

 

Con tanto en riesgo, la cooperación regional en monitorización meteorológica y el intercambio de información es fundamental. Instituciones como el Centro de Investigación Sísmica de la UWI (USRC), un organismo regional, demuestran el valor de las redes de observación coordinadas. Antes de la erupción de La Soufrière en 2021, el USRC proporcionó señales de alerta temprana que apoyaron las medidas de preparación en San Vicente y las Granadinas.[7] Ampliar las redes de monitorización existentes y fortalecer el intercambio de datos entre los servicios meteorológicos del Gran Caribe elevaría significativamente la implementación de sistemas de alerta temprana eficaces y, por tanto, contribuiría directamente a la preparación ante desastres y la planificación de resiliencia. En línea con el tema de observar hoy para proteger el mañana.

 

Por ello, la Asociación de Estados del Caribe (AEC) es un actor clave en el apoyo al avance de la cooperación regional para la reducción del riesgo de desastres, permitiendo la recopilación y distribución de datos meteorológicos en todo el Gran Caribe. A través de su Comité Especial de Reducción del Riesgo de Desastres, la AEC ofrece una plataforma para que 25 Estados Miembros y 10 Miembros Asociados participen en intercambios significativos de conocimientos, fortalezcan la capacidad institucional y promuevan enfoques colaborativos para la gestión de riesgos naturales. La AEC comprende una amplia red, facilitando el diálogo y la cooperación no solo entre gobiernos, sino también entre instituciones regionales y socios técnicos, fortaleciendo así los sistemas y alianzas necesarios para aumentar la resiliencia ante desastres en toda la región.

 

Estos esfuerzos estratégicos se ven reforzados por los compromisos políticos de los Estados Miembros y Miembros Asociados de la AEC, reflejados en acuerdos regionales como la Declaración de Montería y la Declaración de Antigua. Ambas declaraciones subrayan la importancia de fortalecer la cooperación regional para abordar los crecientes impactos de la crisis climática y los riesgos naturales en la región. En particular, reafirman el compromiso colectivo de los Estados Miembros y Miembros Asociados para avanzar en la reducción del riesgo de desastres, mejorar los sistemas de alerta temprana y los mecanismos de preparación, y promover el desarrollo sostenible del Gran Caribe. Al alinear estos compromisos regionales con las prioridades establecidas en el Plan de Acción de la AEC 2022-2028, la AEC puede traducir la visión política compartida en acciones regionales prácticas.

 

Al traducir estos compromisos en acciones prácticas, la AEC ha apoyado varias iniciativas destinadas a fortalecer el conocimiento y las capacidades de alerta sobre riesgos de desastres. Una iniciativa clave es la Plataforma Territorial de Información del Caribe para la Prevención de Desastres (PITCA), que, completada en 2024, mejoró la capacidad de los Estados Miembros para recibir y compartir, en tiempo real, información geoespacial sobre peligros, vulnerabilidades y riesgos, con el fin de informar la preparación y planificación ante desastres en toda la región. Asimismo, el proyecto de Fortalecimiento de las Operaciones y Servicios Hidrometeorológicos en el SIDS (por sus siglas inglés) del Caribe (SHOCS) mejoró la capacidad de los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales en todo el SIDS del Caribe.[8] A través de SHOCS, la AEC apoyó la mejora de las redes de observación, las capacidades de previsión y los sistemas de alerta temprana, contribuyendo a una gobernanza más fuerte del riesgo de desastres y a una resiliencia regional.

 

Estas iniciativas reflejan el compromiso institucional más amplio de la AEC para avanzar en la reducción del riesgo de desastres mediante la colaboración regional, tal como se describe en el Plan de Acción de la AEC 2022-2028 y otros instrumentos de política regional. Al hacerlo, la organización contribuye a la implementación de marcos globales como el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, con especial prioridad en fortalecer el conocimiento sobre riesgos de desastres y mejorar la disponibilidad y el uso de los datos para que gobiernos y comunidades puedan tomar decisiones informadas en nombre de reforzar la resiliencia económica, social, sanitaria y cultural de las personas, comunidades, países y sus bienes, así como el medio ambiente.[9] 

 

A medida que la comunidad internacional conmemora el Día Meteorológico Mundial, la importancia de la ciencia meteorológica, los datos fiables y la cooperación internacional se hace cada vez más evidente para proteger a las comunidades de los impactos de los fenómenos meteorológicos extremos y los riesgos relacionados con el clima. Para el Gran Caribe, aprovechar los recursos, como los facilitados por la AEC, para fortalecer las asociaciones regionales es clave para construir resiliencia frente a riesgos climáticos cada vez más frecuentes e intensos. 

 

La inversión sostenida de tiempo, energía y recursos en observaciones meteorológicas y cooperación regional es fundamental. Los sistemas de alerta temprana y las acciones anticipatorias dependen de estos mecanismos fundamentales para salvaguardar vidas, economías y ecosistemas en toda la región. El fortalecimiento de las observaciones meteorológicas y los sistemas de alerta temprana también impulsa directamente el ODS 13 (Acción Climática) al mejorar la capacidad adaptativa y la preparación ante los riesgos relacionados con el clima.[10] Ejemplos ilustrativos como el Sistema Nacional de Protección Civil y de Defensa de Cuba, el Plan de Acción Anticipatoria de Haití y el mecanismo de respuesta anticipada a erupciones volcánicas de San Vicente subrayan las relaciones entre los datos meteorológicos, los sistemas de alerta temprana, la acción anticipatoria y la necesidad general de cooperación regional para apoyar la resiliencia. 

 

En este sentido, abrazando la colaboración y trabajando colectivamente para observar el día de hoy, para actuar sobre el conocimiento adquirido, las naciones del Gran Caribe pueden proteger mejor a sus comunidades y garantizar un mañana más resiliente.


Referencias:

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