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GUERRA Y RUMORES DE GUERRA El Gran Caribe Esta Semana Norman Girvan Como
un huracán u otro desastre natural, los ataques del 11 de septiembre
mataron a miles y causaron estragos económicos.
Pero la similitud termina ahí. El impacto del 11 de septiembre no fue sólo sobre una isla sino sobre el mundo entero. Para el Caribe, fue como si un poderoso huracán hubiera devastado de la noche a la mañana a todas las islas y tierras continentales adyacentes, acabando con dos terceras partes de la industria turística y buena parte de la industria de la aviación. Luego de un desastre natural se trata de reconstruir y volver gradualmente a la vida como era antes. El 11 de septiembre cambió el mundo y los supuestos por los que nos regíamos. Trajeron consigo una secuela de eventos cuyas conclusiones nadie puede prever y sobre los cuales en la región nos sentimos impotentes para influenciar. Ello ha otorgado un nuevo significado al concepto de la vulnerabilidad de los pequeños Estados. Consideren
los eventos de la semana pasada. El 7 de octubre los Estados Unidos y Gran
Bretaña iniciaron una serie de ataques sobre Afganistán, justo cuando
muchos países en la región se encontraban desarrollando estrategias
especiales de mercado y costosas campañas propagandísticas para lidiar
con la caída del turismo y se preparaba una Cumbre de la CARICOM
convocada con propósitos especiales. Los EEUU anunciaron que la guerra contra el terrorismo podría durar años, o décadas; que la acción militar podría ser extendida a otros países y que deberían esperarse nuevos ataques terroristas contra blancos en EEUU. El Talibán y el liderazgo Al-Queda devinieron más desafiantes e hicieron la promesa solemne de represalias, específicamente mencionando el ataque a líneas aéreas. En los EEUU, se desplegaron tropas en numerosos aeropuertos. Los
sentimientos anti-norteamericanos y anti-occidentales ebullieron dentro de
las poblaciones musulmanas en Pakistán, el mundo árabe y en sitios tan
alejados como Indonesia. Líderes de los Estados islámicos convocaron una
conferencia internacional y expresaron sus preocupaciones respecto a las víctimas
civiles y la posible extensión de la guerra a otros países. Más
allá del hecho de que estos acontecimientos tendrán
efectos sobre los viajes internacionales y la recuperación del
turismo regional, existe un creciente convencimiento de que las
consecuencias alcanzarán todos los aspectos de la vida económica. El
Banco Mundial pronostica una reducción en el crecimiento de los países
en desarrollo para el año 2002 de 0.5 a 0.75 puntos porcentuales, lo cual
enviará a la pobreza a otros 10 millones de personas. Para América
Latina y el Caribe, tanto la CEPAL como el BID están pronosticando el
estancamiento del crecimiento durante el presente año,
comparado con porcientos de crecimiento de 2-3, previstos antes de
los ataques. Muchas
conferencias globales han sido también canceladas, entre ellas se
destacan la reunión anual del Banco Mundial/FMI y la Cumbre de la
Mancomunidad Británica previstas para octure, así como la Cumbre de la
Francofonía anteriormente convocada para octubre.
Existe incertidumbre respecto a la celebración de una Reunión
Ministerial de la OMC prevista a tener lugar en Qatar en noviembre. El
Primer Ministro de Barbados, Owen Arthur, ha hablado sobre la posible «destrucción
del paradigma» de una nueva economía mundial basada en el bienestar y la
seguridad del movimiento internacional en todos los sentidos.
Las políticas serán re-evaluadas, dijo, y la liberalización
comercial no será más una prioridad. (Fin) 12 de octubre de 2001
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