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LA CUMBRE DE MONTERREY: ¿PROMESAS, PROMESAS? El Gran Caribe Esta Semana Norman Girvan El
Gran Caribe, al igual que el resto del mundo en desarrollo, ha sido
testigo de una marcada disminución en los flujos de ayuda desde que
finalizara la Guerra Fría. Algunos países de la región confrontan también
elevadas deudas. Por ende la región tiene un gran interés en los
resultados de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Financiamiento
para el Desarrollo, que concluyó en Monterrey la semana pasada. En la
Declaración de Margarita de la 3ra Cumbre de la AEC, celebrada
el pasado mes de diciembre, quedó plasmado el apoyo a las metas de la
Conferencia de Monterrey. Las
NU ha hecho un estimado sobre el costo adicional para poder alcanzar las
Metas del Milenio, en unos US$50 billones por año. Entre estos propósitos
está la reducción de la mitad de la pobreza mundial para el 2015. Otros
se refieren a la educación primaria universal, la promoción igualitaria
del sexo femenino y el mejoramiento de la salud durante la maternidad, la
reducción de la mortalidad infantil y el combate al VIH/SIDA— todos
tienen un gran significado para la región del Gran Caribe. La
cifra de US$50 billones anuales puede parecer muchísimo dinero, pero debe
ser ubicada en contexto. Esta cifra representa uno, uno-dieciséis de los
gastos militares a nivel mundial. La cantidad anual es escasamente el 5
porciento del total de activos de los 200 billonarios que existen en el
mundo. Es
también alrededor de la misma suma con que se incrementará el
presupuesto militar de los E.U.A para el próximo año fiscal, propuesta
por la Administración de ese país para la guerra global contra el
terrorismo. Los gastos por los ataques del 11 de septiembre en el
Presupuesto Federal de los E.U.A llega a los $40 billones, y la semana
pasada la Administración pidió otros $27.1 billones. Es decir, que los
gastos por los ataques terroristas para el Gobierno estadounidense,
solamente, ya se proyectan en más del doble del costo extra para
financiar las Metas del Milenio de las NU. Monterrey
demostró que es necesario comparar los gastos para lograr la seguridad
utilizando medios militares, con los gastos para abordar las condiciones
que producen la inseguridad. En la Cumbre, un líder tras otro señaló
que la pobreza y la desigualdad constituyen un campo fértil para el
terrorismo. El Presidente del Banco Mundial y el Jefe de la Organización
Mundial de Comercio se hicieron eco en gran medida de este mismo
planteamiento. En
Monterrey, E.U.A anunció un incremento de $10 billones en su programa de
ayuda y la UE de $7 billones. Estos aumentos son muy bien acogidos. Pero
la promesa total se quedó muy por debajo de lo que se necesita. Está
también la cuestión de cumplir con las promesas, como dijera el
Secretario General Kofi Annan. El Sr. Annan se basó en la experiencia del
pasado. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Pequeños
Estados Insulares en Desarrollo (SIDS), efectuada en Barbados en 1994, por
ejemplo, se prometió mucho, pero luego se entregó bastante menos. El
consenso que salió de Monterrey es que flujos de ayuda más fuertes estarán
sometidos a condiciones impuestas a los países que la recibirán, de práctica
de un buen gobierno y sólidas políticas económicas, además del
saneamiento de la corrupción, de forma tal que el dinero no se malgaste. Nadie
pudo rebatir la necesidad de esto. La cuestión está en si habrá una
parcializada interpretación e implementación de estas condiciones por
parte de los que entregan la ayuda, o si se pondrá de manifiesto un diálogo
y una asociación genuinas que posibilite la expresión de varias ópticas
y la llegada ulterior a un terreno común. Al
igual que el principio de “soberanía” no debe ser utilizado como un
velo para la corrupción y la tiranía, los principios de “buen gobierno”
no deben ser utilizados para justificar la imposición de patrones
determinados unilateralmente.
(Fin)
28 de Marzo del 2002
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