|
SALVANDO LA BRECHA ENTRE CARICOM Y CENTROAMÉRICA El Gran Caribe Esta Semana Norman Girvan La
semana pasada, los líderes de CARICOM y de los países miembros del
Sistema de Integración Centroamericana (SICA) celebraron su primera
Cumbre de la historia. Belice, país que es miembro de ambos grupos, fue
el país anfitrión de la reunión, a la cual también asistieron el
Presidente de la República Dominicana y un observador de Cuba. Debido
a sus nexos históricos y culturales con CARICOM y sus crecientes vínculos
geográficos y culturales con Centroamérica, Belice tiene una ubicación
ideal para servir de puente entre las dos subregiones. Además, ésta fue
la primera vez que el Presidente de Guatemala visitaba Belice – un
acontecimiento significativo, dado el viejo conflicto limítrofe entre los
dos países. El
logro más importante de la reunión fue el hecho en sí de haberse
llevado a cabo. Los Ministros de Relaciones Exteriores de la CARICOM y
Centroamérica se habían reunido cuatro veces desde 1992, pero no lo habían
hecho luego del decepcionante encuentro en Georgetown en 1999.
El
conflicto de las bananas dividió a las dos subregiones con respecto a sus
relaciones con la UE y la OMC. Los planes para un acuerdo de comercio
entre CARICOM y Centroamérica se paralizaron y la energía se canalizó
hacia las apremiantes exigencias de las negociaciones extra-regionales
tales como el ALCA, el UE-ACP y varios otros acuerdos en los cuales está
involucrada Centroamérica. También se trató la cooperación funcional
en áreas como el turismo, el transporte y los desastres naturales dentro
del marco de la Asociación de Estados del Caribe (AEC). La
Cumbre de Belice podría marcar un nuevo comienzo en el fomento de las
relaciones directas. El mandato de la reunión era estudiar la viabilidad
de un ALC. Sin embargo, muchos países aún no se sienten inclinados a
considerar un acuerdo de esta naturaleza como prioritario, ya que el
comercio entre ellos es limitado ($200 millones al año, menos del 1 por
ciento del comercio total) y la agenda de negociaciones comerciales ya es
muy apretada. No
obstante, los líderes pronto descubrieron que sus intereses en común van
más allá de la posibilidad de un ALC. Un tema recurrente fue la
vulnerabilidad de los pequeños estados para encarar la gran variedad de
cambios que trae consigo la globalización – evidenciados dramáticamente
por las consecuencias del 11 de Septiembre – y las imperativas de la
cooperación. Varios
líderes hicieron un llamado para concretar una posición unificada sobre
el trato a las pequeñas economías en la OMC y el ALCA, y para la acción
concertada en el lobby ante los Estados Unidos sobre los términos de la
Ley de Promoción al Comercio que actualmente quiere promulgar el gobierno
del Presidente Bush. Todos
los países del Gran Caribe enfrentan una escalada alarmante de crímenes
violentos asociados con el tráfico internacional de drogas y armas. Un líder
propuso la cooperación técnica entre las dos subregiones en materia de
recolección, almacenamiento e intercambio de datos según el modelo de la
reciente iniciativa de CARICOM. La
creciente vulnerabilidad a los desastres naturales está asociada con el
cambio climático global. Se puso sobre la mesa una propuesta de formular
una posición unificada sobre la protección y gestión del Mar Caribe
durante la próxima Cumbre de la Tierra en Sudáfrica, la cual además
encararía el problema del transporte de desechos nucleares a través de
la región. La
Declaración de la Cumbre aborda éstos y varios otros asuntos, e instruye
a los ministros de relaciones exteriores a producir un Plan de Acción.
Los líderes además acordaron redoblar sus esfuerzos para realizar los objetivos de la AEC, particularmente los que están dirigidos al establecimiento del Gran Caribe como Zona de Cooperación. Los Comités de transporte, turismo sustentable y desastres naturales de la AEC y su cooperación con CARICOM y SICA proporcionan un marco institucional ya establecido para gran parte de la cooperación identificada en la Cumbre de Belice.
(Fin) 6 de febrero del 2002
|