|
CULTURA DE PAZ ENTRE DOMINICANOS Y HAITIANOS
El Gran Caribe Esta Semana Rubén Silié Recientemente la prensa dio cuenta del asesinato de una señora dominicana por parte de un haitiano que además hirió al esposo de la víctima. Esto ha desatado en la zona Norte de la frontera, donde ocurrió el hecho, acciones de violencia contra los pobladores haitianos de la zona, escenificadas por dominicanos que reaccionaron indignados frente al abominable hecho. |
||||
El hecho está planteado como si se tratara de una acción de la nación haitiana en contra de la dominicana. El manejo emotivo del acontecimiento se presenta como si el criminal hubiese decidido matar la señora por razones de su nacionalidad y no como ocurren esos crímenes: pasión, robo, odio personal y tantas otras conductas contrarias a los valores morales, desgraciadamente, tan propias de los seres humanos. Es exactamente lo mismo que ocurrió en España hace unas semanas contra los inmigrantes dominicanos en la ciudad de Madrid, donde un jovencito dominicano asesinó a un ciudadano español y algunos vecinos españoles reaccionaron agresivamente en contra del resto de los dominicanos residentes en dicha localidad. Este lamentable hecho ha ocurrido en la zona fronteriza, que es donde los dominicanos y haitianos han dado muestras históricas de relaciones de buena vecindad por más de un siglo. Me refiero a que la República Dominicana obtuvo su independencia de Haití y no de un país colonialista, lo cual sirvió para que durante la dictadura de Rafael Trujillo (1930-1961), por razones de interés político y de conveniencia económica se construyera una ideología de rechazo a la nación haitiana. Tal ideología permitió que la dictadura mantuviera todo el tiempo la inmigración haitiana hacia los ingenios de azúcar, en contubernio con los gobernantes haitianos, mientras se educaba a los dominicanos con temor a la "invasión pacífica haitiana" que podía volver a dominar el territorio como había ocurrido en el siglo diecinueve. Una de las estrategias de esa ideología fue la de convertir la frontera en una zona de alta seguridad militar, que le permitió al dictador beneficiarse de negocios madereros, al tiempo que dejó en la conciencia de los dominicanos la idea de que la frontera era algo lejano y ajeno, pues además de la seguridad se cubrió de un misterio relacionado a un ambiente de hechicería o encantamiento que dio lugar a múltiples mitos de personajes imaginarios, temidos por supuestos poderes sobre naturales. En 1934, la dictadura ordenó una matanza de haitianos residentes en la ribera fronteriza, que en su momento y todavía escandaliza al mundo. Pasados esos tétricos acontecimientos la vida de la frontera retornó a la normalidad de unas relaciones ancestrales. Así, mientras la dictadura se empeñaba en presentar la frontera como una zona de conflictos, los vecinos de allí nunca escenificaron actos de confrontación, sino de buena vecindad. La mejor muestra de ello son las ferias comerciales que allí se han desarrollado, en el pasado del lado haitiano y en las últimas décadas del lado dominicano. Por eso es frecuente escuchar a los habitantes de la frontera decir que los conflictos haitiano dominicanos se producen entre las respectivas capitales, pero no en sus territorios. Con esa expresión se reclama que los temas fronterizos sean tratados siguiendo las tradiciones de buenas relaciones entre las vecindades de ambos países, donde ha imperado una cultura de paz y no de conflictos. Estamos viviendo una nueva época de las relaciones entre las dos naciones de la isla, no existen reclamos territoriales, los gobiernos reiteran continuamente su amistad y deseos de cooperación; el comercio fronterizo reporta amplios beneficios, están dadas las condiciones para que el tema migratorio que es el único dificultoso, sea resuelto en base al interés mutuo, con normas de ordenamiento y no con acciones de confrontación.
Dr. Rubén Silié Valdez es el Secretario General de la Asociación de Estados del Caribe. Los puntos de vista expresados no son necesariamente los puntos de vista oficiales de la AEC. Comentarios y reacciones pueden ser enviados a mail@acs-aec.org
(fin) 31 de mayo de 2005
|