|
LA INTEGRACION Y LA PAZ. METAS CARIBEÑAS
El Gran Caribe Esta Semana En el Gran Caribe, crece la conciencia de que los problemas sociales de cada uno de los países, tienen una dimensión mundial, cuya solución rebasa la visión autárquica de los mismos. Todos los gobiernos caribeños están contestes de que frente a los problemas comunes, se requieren respuestas comunes. Esta es una de las razones que impulsan los procesos de integración en la región, desde la cual, por más de tres décadas se ha trabajado por lograr un esquema único de integración. |
||||
Desde finales del pasado siglo, en la Asociación de Estados del Caribe, se ha trabajado intensamente en la construcción de una agenda propia orientada al fortalecimiento de una comunidad capaz de responder unida a los temas que la convocan. De forma general se ha fijado la atención en el “desarrollo sostenido en lo cultural, económico, social, científico y tecnológico”, concretizado en metas más específicas como el comercio intracaribeño; el turismo sustentable; el transporte en todas sus expresiones y los desastres naturales. Un valor intangible que ha servido para impulsar los esfuerzos de acercamiento y unidad en el Caribe ha sido el ambiente de respeto mutuo que orientan las relaciones entre los Estados, que a su vez es un factor apreciable para el mantenimiento de la paz en la región. Por eso una de las metas globales más importantes debe ser preservar el ambiente de paz en que vivimos, pues si no hay paz, no habrá integración. Pero mantener la paz tiene un costo y lo primero es luchar contra una tradición de violencia heredada desde el período colonial, cuyas bases de sustentación se afincaron en la dominación y el desconocimiento de los derechos humanos, sociales y políticos de las mayorías trabajadoras. Nuestras culturas políticas quedaron impregnadas de un autoritarismo que sólo aceptaba la fuerza como vía para garantizar la estabilidad política y enfrentar los problemas sociales. La norma de entonces descartaba el diálogo y la participación social. Los conflictos del siglo veinte contribuyeron enormemente al ambiente de confrontación, tanto por las guerras mundiales, regionales y locales, como por las prácticas de la Guerra Fría. La lógica de ese período construyó una mecánica de relaciones basada en el armamentismo y la amedrentación. En esos cien años, se dilapidaron los esfuerzos productivos de los mismos que morían en las guerras, unos por las balas y otros por el hambre y muchos otros por los problemas de salud generados por las mismas guerras. El concepto de seguridad estuvo basado exclusivamente en la seguridad de los Estados y no de los ciudadanos. Los Estados monopolizaban los derechos y los medios para proteger a los ciudadanos, bajo un esquema de seguridad y orden férreamente controlado. La UNESCO y las Naciones Unidas, que han desplegado importantes acciones en beneficio de la paz, nos ofrecen esta definición de cultura de paz: “... una cultura de paz, con valores, actitudes y conductas que reflejen e inspiren la interacción y la participación en la sociedad sobre la base de los principios de libertad, justicia y democracia, todos los derechos humanos, la tolerancia y la solidaridad, una cultura en que se rechace la violencia y se procure prevenir los conflictos abordando sus causas profundas con objeto de resolver los problemas mediante el diálogo y la negociación y en que se garantice el pleno ejercicio de todos los derechos y los medios para participar plenamente en el proceso de desarrollo de la sociedad ”. Los objetivos de la integración caribeña no pueden perder de vista el interés por la preservación de la paz. Estamos obligados a luchar contra las rémoras del pasado, mirar hacia el porvenir y educar en la cultura de paz, que es la única forma de asegurar la posibilidad de compartir unidos, un futuro de progreso.
Dr. Rubén Silié Valdez es el Secretario General de la Asociación de Estados del Caribe. Los puntos de vista expresados no son necesariamente los puntos de vista oficiales de la AEC. Comentarios y reacciones pueden ser enviados a mail@acs-aec.org
09 de febrero de, 2005
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Asociación de
Estados del Caribe ©
2007
Favor dirigir sus preguntas/comentarios/sugerencias a: 5-7 Sweet Briar Road, St. Clair, P.O. Box 660, Port of Spain, Trinidad and Tobago, West Indies Tel: (868) 622 9575 | Fax: (868) 622 1653 mail@acs-aec.org -- http://www.acs-aec.org |