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LA INCERTIDUMBRE Y LOS RIESGOS DEL PORVENIR El Gran Caribe Esta Semana Dr. Rubén Silié Es obvio que el título de este artículo nos hace pensar en la despedida de los desastres naturales del pasado año, con el tsunami del Océano Indico, cuyo impacto le ha valido la categoría del más desastroso de todos los tiempos. |
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Uno de los recordatorios que nos trajo este fenómeno, es la fragilidad y vulnerabilidad del hábitat que nos hemos dado en el conjunto de nuestras sociedades, en las cuales no tomamos en cuenta los riesgos propios de los dictados del medio natural. El ser humano ha sido renuente a someterse a las reglas de la naturaleza, a tomar en cuenta el riesgo externo, pretendiendo siempre someterla a su designio, en lugar de proponerse una mayor armonía basada en el respeto a sus leyes, que por cierto se cumplen irremisiblemente e independientemente de la voluntad humana. Todavía no nos damos cuenta que no podemos decidir desarrollar un proyecto económico o social, sin tomar en cuenta esos niveles de riesgo, pues el hecho de que la intención sea la creación de empleos o apoyar el desarrollo económico de las naciones, no justifica que lo hagamos, al precio de tener que pagar con la vida humana frente a un fenómeno, cuya ocurrencia deberíamos estar esperando. El caso de las islas Maldivas, con el ascenso del nivel mar y la fuerte erosión marina, debieron permitir a esa población recibir esa última gran ola marina en mayor capacidad de resistir a fin de preservar las vidas humanas. Las instalaciones turísticas de Tailandia, debieron igualmente contar con niveles de previsión que les garantizara una movilización más ágil de los visitantes y protección de la población nativa. En otro orden, esta gran catástrofe pone de relieve el fuerte incremento de la interdependencia de la sociedad como un todo globalizado que en cierta medida controla las relaciones sociales y el desarrollo económico entre las personas y los países. A pesar del incremento de los nacionalismos particularistas, ha crecido la noción de la interdependencia social y por encima de los individualismos, se impone la solidaridad social. Esto se explica por la comprensión de que los problemas de unos no pueden ser ajenos a los otros. Esa nueva visión de las relaciones sociales internacionales, contribuyó a que los países en mejores condiciones de hacerlo, abrieran un mecanismo de ayuda que no solamente ha llevado consuelo a los afectados, sino que le permite pensar a los gobiernos de esos países en la reestructuración de sus economías y un reordenamiento social que tome en cuenta el estado de ánimo y los efectos sicológicos que han sufrido tantos miles de personas que vieron desaparecer a sus familiares y allegados en unas pocas horas. Pero esa solidaridad no se desprende únicamente del espíritu humanitario de los gobiernos cooperantes, sino de su comprensión de la forma como lo ocurrido tan lejos de sus fronteras puede impactar a lo interno de sus países o generar inconvenientes en los movimientos económicos mundiales, cuyo equilibrio se garantiza con el trabajo de obreros y empleados que realizan cotidianamente su labor sin saber necesariamente que su trabajo está contribuyendo a incrementar los beneficios del gran capital que se expande desde los países desarrollados. Otra lección que nos dejó esa catástrofe es que estamos obligados a trabajar para lo imprevisible, pues la naturaleza nos está dando muestras de que ha empezado a cobrarse las agresiones que por tantos siglos le hemos infligido. Las señales son varias, capa de ozono, calentamiento, deforestación y desertificación, inundaciones, la contaminación y otras huellas ecológicas que hemos venido dejando en el largo trayecto de un desarrollo en contradicción con el medio ambiente. Ojalá que los asistentes a la conferencia de las Islas Mauritios, hayan entendido la ocurrencia del tsunami como un mensaje en el cual la naturaleza les está diciendo que ha llegado el momento de que la acción humana cambie su orientación en esos temas. Que es el momento de darnos las manos para trabajar unidos en beneficio de un plan de superación de riesgos, que mire a largo plazo y que reduzca nuestras incertidumbres hacia el porvenir.
Dr. Rubén Silié Valdez es el Secretario General de la Asociación de Estados del Caribe. Los puntos de vista expresados no son necesariamente los puntos de vista oficiales de la AEC. Comentarios y reacciones pueden ser enviados a mail@acs-aec.org 11 de enero de 2005 |
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