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LOS
POBRES SUBVENCIONAN EL DESARROLLO
El Gran Caribe Esta Semana Dr. Rubén Silié Algo muy conocido en los países del Caribe y América Latina es el impulso que han tomado las migraciones en los últimos veinte años. La crisis de los años ochenta incrementó el número y ritmo de las migraciones. No solamente la pobreza en general fue la razón, sino la falta de oportunidades para obtener un empleo bien remunerado, o de emplearse en las áreas de su formación profesional, como ocurrió, por ejemplo, con los maestros en la República Dominicana, cuyo proceso de pauperización fue tan alto que se convirtieron en el sector profesional mejor representado en la estructura ocupacional de los emigrantes, en la mencionada década. |
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Las motivaciones de los emigrantes para irse al extranjero, fueran éstas individuales o familiares, trajeron entre otras consecuencias, el incremento de las remesas monetarias. En sentido general los que se fueron, para lograrlo, necesitaron la ayuda familiar, que reciprocan desde el exterior. En otros casos, se solidarizan con sus parientes contribuyendo a aliviar las precariedades del hogar, aportando al presupuesto familiar. Está comprobado que los emigrantes, al abandonar su país de origen no rompen su filiación nacional. En muchos casos hasta se aumenta el fervor patriótico, alentando de ese modo las vivencias transnacionales que dan paso a una nueva visión de las relaciones entre el país receptor y el emisor. Los emigrantes generan diversos mecanismos que les permiten vivir entre uno y otro país. En ese nuevo estilo de vida captan recursos con su trabajo en la sociedad receptora e invierten los beneficios en el país natal. Igualmente exportan o importan en ambos sentidos, tanto para la demanda de los mercados étnicos, como para suplir la demanda de productos extranjeros en el país natal. Las ayudas familiares de la emigración generan un mecanismo de incremento de ingresos orientado a cubrir los gastos esenciales de las familias, en alimentación, salud, educación y vivienda. Este aporte es una contribución importante porque apoya a la familia, ampliando su capacidad adquisitiva y porque atrae divisas al país de origen. En otro sentido es una subvención que se recibe desde el exterior para personas que no tendrían acceso a esos servicios si solamente contaran con la ayuda estatal. Para los negocios transnacionales, no se trata únicamente de consumo, sino de transferir capitales o beneficios en dos vías. Esto ha dado origen a un nuevo empresariado transnacional que para reproducirse necesita hacerlo trabajando en los dos países a la vez. Estos empresarios operan tanto en el sector formal como informal de la economía. En ambos casos constituyen un empresariado de nuevo cuño. El efecto de esta nueva actividad repercute directamente en la creación de empleos y en el peor de los casos abre las puertas para ocupar a una buena parte de los allegados o familiares que se vinculan al negocio transnacional. Por otra parte, los emigrantes hacen otro tipo de aportes orientado a satisfacer necesidades de sus respectivas comunidades de origen, que pueden ir desde aportes para construcción de obras públicas, como hospitales, iglesias, escuelas, centros de diversión y fuera de esas obras aportan en las áreas cultural y social, como por ejemplo las fiestas de celebración de un santo patrón. En todos los casos, esos aportes representan montos significativos para el equilibrio económico de los países emisores, pues en muchos de estos países, el monto de las remesas alcanza más de un 10% del PIB, ó representa la segunda ó tercera fuente de ingreso de divisas de dichos países. Igualmente, se ha estimado que el monto de este rubro es más importante que lo que ingresa por concepto de la cooperación internacional. Esta es una
de las paradojas del desarrollo económico del siglo veintiuno,
los pobres se han convertido en un instrumento imprescindible para
el desarrollo de las economías que les empobrecieron. Estimaciones
de importantes organismos internacionales como el FMI afirman que
el monto mundial de las remesas está por encima de 75 mil
millones de dólares de Estados Unidos.
Dr. Rubén Silié Valdez es el Secretario General de la Asociación de Estados del Caribe. Los puntos de vista expresados no son necesariamente los puntos de vista oficiales de la AEC. Comentarios y reacciones pueden ser enviados a mail@acs-aec.org
01 de diciembre de 2004 |
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