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LA
INMINENCIA DEL COMERCIO INTRA CARIBEÑO
El Gran Caribe Esta Semana Rubén Silié
El siglo veintiuno ha traído como parte de su agenda, la obligación de trabajar en la búsqueda de respuestas a la globalización, toda vez, que el orden mundial se perfila hacia nuevos esquemas de relaciones entre los países, según los cuales el peso de las voluntades de cada uno ellos, visto individualmente, pierde relevancia. Esto es lo que ha generado la necesidad del multilateralismo y la creación de los diferentes bloques asociativos que proliferan mundialmente.
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Compelidos por esa nueva situación se creó la Asociación de Estados del Caribe, desde la cual se ha avanzado mucho en la discusión e institucionalización de las relaciones de esta importante subregión, que hace algunos años no se veía a si misma como una entidad única, sino desarticulada y dispersa, mirando cada grupo de países hacia otras áreas, muchas veces distantes de sus territorios.
Hoy día, la AEC le plantea un importante reto a los gobiernos de los países del Gran Caribe, acerca de si se deciden, finalmente a consolidar la potencialidad comercial que entraña este amplio grupo de naciones, construyendo un área propia de libre comercio. Pero esta no es una decisión fácil de tomar, debido a que muchos de los países se encuentran formando parte de otras entidades de integración, que funcionan en la misma subregión o están asociados con países que se encuentran fuera de ella.
Esta disyuntiva se ha ido convirtiendo en uno de los temas de mayor interés, pues estamos abocados a tomar una decisión en uno u otro sentido. Al respecto existe una polémica, dentro y fuera de los organismos gubernamentales, integrando a otros actores sociales, que como los empresarios y en general la sociedad civil, se consideran concernidos en la toma de decisiones de los Estados a los cuales pertenecen, por eso no es de extrañar que los periódicos caribeños dedican cada vez más espacio a la discusión de este importante tema.
La aparente inminencia de la iniciativa del Área de Libre Comercio de las Américas, pende como una ¨espada de Damocles¨ sobre los caribeños, pues de aprobarse esta iniciativa hemisférica, todos los países de la Región se tendrán que ajustar a los términos del ALCA; lo cual implicaría aceptar algunos condicionantes que no parten de los intereses específicos del Gran Caribe como entidad.
Mientras tanto, los impasses del ALCA y las lecciones aprendidas en las negociaciones llevadas a cabo en dicha iniciativa, siguen ofreciendo a la AEC la posibilidad de darse una estrategia propia de cooperación y coordinación de intereses y visiones, en beneficio de una mejor inserción de sus asociados en el contexto del nuevo orden mundial que nos impone la globalización.
Los Estados del Caribe tienen el reto de seguir consolidando el más amplio espacio para la acción concertada con que cuentan en estos momentos los veintiocho países que integran la AEC, aprovechando de esa manera, el ambiente de confianza que se ha construido a lo largo de sus primeros diez años de existencia.
Dr Rubén
Silié es el Secretario General de la Asociación de
Estados del Caribe. Las opiniones que aquí se expresan no
son necesariamente los puntos de vista oficiales de la AEC. Los
comentarios pueden ser enviados a mail@acs-aec.org. (fin) 20 de abril
de 2004
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