Los
países desarrollados anunciaron que Doha Marcó el inicio
de nuevas negociaciones que abarcarían regulaciones para la
inversión, para compras del sector público, para políticas
de competencia y para facilitación del comercio. En el lenguaje
de la OMC estos son los “temas de Singapur”. Las negociaciones
serían la “Ronda de Desarrollo de Doha”, que supuestamente
abordaría el aspecto de las necesidades de los países
en desarrollo.
En esta interpretación, lo único que quedó por
decidir fueron las modalidades de las negociaciones.
Pero muchos países en desarrollo tenían una interpretación
diferente. Ellos se refirieron a una declaración del Presidente
de la Conferencia de Doha afirmando que las negociaciones darían
comienzo solamente sobre los temas de Singapur con base en un “consenso
explícito” de la V Ministerial.
La declaración fue emitida por insistencia de un grupo de países
Asiáticos, Africanos y Caribeños, quienes se percataron
de que estaban siendo encarrilados hacia el apoyo de una Declaración
de la Conferencia que no reflejaba su verdadera posición.
Estaban enviando un mensaje a los países industrializados.
No prestar la debida atención a ese mensaje estaba por generar
la ruptura de la V Ministerial en Cancún, la semana pasada.
Uno de los aspectos del mensaje estaba relacionado con el procedimiento.
Desde la desastrosa III Ministerial en Seattle en 1999, los países
en desarrollo habían estado protestando por la no transparencia
del proceso de la OMC en la toma de decisiones. En efecto, los acuerdos
fueron tomados entre los principales actores en las llamadas reuniones
del “Salón Verde” y presentados luego a los más
de 140 miembros para su aprobación automática.
Uno de los Principales negociadores del Caribe me relató la
forma en que físicamente fue retirado de la reunión
de una reunión en el “Salón Verde” en Doha,
porque se supo que era un portavoz articulado de la posición
del grupo de países Africanos, Caribeños y del Pacífico.
Los países en Desarrollo estaban ahora dando señales
de que todos los miembros de la OMC necesitarían indicar explícitamente
su acuerdo con una decisión sobre la nueva negociación.
Si no lo hacían, la decisión carecería de validez.
También hubo razones esenciales para tener precaución
en el inicio de las negociaciones sobre los temas de Singapur. En
primer lugar, las preparaciones serán costosas y consumirán
mucho tiempo porque los temas son técnicamente complejos y
cubren un amplio rango. Tanto el más pequeño como el
menos desarrollado de los países en Desarrollo, en especial,
se sentían en una gran desventaja en dicho proceso.
Por otro lado, estar de acuerdo con regulaciones de inversión,
compras del sector público y competencia, hará que la
OMC se involucre profundamente en áreas de política
interna que afectan la soberanía nacional y el derecho a seleccionar
las políticas de desarrollo de acuerdo a las prioridades nacionales.
Y en tercer lugar, existe una insatisfacción profunda con la
falta de implementación de compromisos hechos mediante acuerdos
previos. Una de las principales manzanas de la discordia son los abundantes
subsidios agrícolas que existen en los países ricos,
que botan los precios de los productos exportados por los países
pobres, empobreciendo aún más a sus agricultores.
Si se fracasa en hacer una efectiva previsión para el Trato
Especial y Diferenciado (TED) de los países en desarrollo es
otro punto que puede causar llaga. La Asociación de Estados
del Caribe ha estado trabajando en las características técnicas
de un régimen de TED para las economías pequeñas,
que se refinará más en un seminario en Caracas dentro
de unos días durante este mes.
Cancún fracasó en el alcance de un “consenso explícito”
sobre las negociaciones de nuevos temas porque estas preocupaciones
no fueron tratadas de manera adecuada. Lo que sí fue nuevo
fue la unidad y determinación de los países en desarrollo,
incluyendo a los más grandes (China, India, Brasil) representados
por el recién formado Grupo de los 21.
Cancún demostró que dicha unidad entre los países
del Sur puede afectar el resultado de las negociaciones globales.
Esto aplica a otros escenarios de negociación, como las finanzas
y el ambiente. Y es una lección objetiva sobre nuestra necesidad
de unidad en el Gran Caribe.