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Desde Doha a Cancún

El Gran Caribe Esta Semana

Norman Girvan

En Noviembre de 2001, después de la IV Reunión Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Qatar, esta columna se refirió al “Dilema de Doha”. El dilema consistía en interpretaciones diferentes del resultado de la Reunión: Se llegó en Doha a un acuerdo para iniciar una nueva ronda de negociaciones en el Comercio Mundial, o no?

 

Los países desarrollados anunciaron que Doha Marcó el inicio de nuevas negociaciones que abarcarían regulaciones para la inversión, para compras del sector público, para políticas de competencia y para facilitación del comercio. En el lenguaje de la OMC estos son los “temas de Singapur”. Las negociaciones serían la “Ronda de Desarrollo de Doha”, que supuestamente abordaría el aspecto de las necesidades de los países en desarrollo.

En esta interpretación, lo único que quedó por decidir fueron las modalidades de las negociaciones.

Pero muchos países en desarrollo tenían una interpretación diferente. Ellos se refirieron a una declaración del Presidente de la Conferencia de Doha afirmando que las negociaciones darían comienzo solamente sobre los temas de Singapur con base en un “consenso explícito” de la V Ministerial.

La declaración fue emitida por insistencia de un grupo de países Asiáticos, Africanos y Caribeños, quienes se percataron de que estaban siendo encarrilados hacia el apoyo de una Declaración de la Conferencia que no reflejaba su verdadera posición.

Estaban enviando un mensaje a los países industrializados. No prestar la debida atención a ese mensaje estaba por generar la ruptura de la V Ministerial en Cancún, la semana pasada.

Uno de los aspectos del mensaje estaba relacionado con el procedimiento. Desde la desastrosa III Ministerial en Seattle en 1999, los países en desarrollo habían estado protestando por la no transparencia del proceso de la OMC en la toma de decisiones. En efecto, los acuerdos fueron tomados entre los principales actores en las llamadas reuniones del “Salón Verde” y presentados luego a los más de 140 miembros para su aprobación automática.

Uno de los Principales negociadores del Caribe me relató la forma en que físicamente fue retirado de la reunión de una reunión en el “Salón Verde” en Doha, porque se supo que era un portavoz articulado de la posición del grupo de países Africanos, Caribeños y del Pacífico.

Los países en Desarrollo estaban ahora dando señales de que todos los miembros de la OMC necesitarían indicar explícitamente su acuerdo con una decisión sobre la nueva negociación. Si no lo hacían, la decisión carecería de validez.

También hubo razones esenciales para tener precaución en el inicio de las negociaciones sobre los temas de Singapur. En primer lugar, las preparaciones serán costosas y consumirán mucho tiempo porque los temas son técnicamente complejos y cubren un amplio rango. Tanto el más pequeño como el menos desarrollado de los países en Desarrollo, en especial, se sentían en una gran desventaja en dicho proceso.

Por otro lado, estar de acuerdo con regulaciones de inversión, compras del sector público y competencia, hará que la OMC se involucre profundamente en áreas de política interna que afectan la soberanía nacional y el derecho a seleccionar las políticas de desarrollo de acuerdo a las prioridades nacionales.

Y en tercer lugar, existe una insatisfacción profunda con la falta de implementación de compromisos hechos mediante acuerdos previos. Una de las principales manzanas de la discordia son los abundantes subsidios agrícolas que existen en los países ricos, que botan los precios de los productos exportados por los países pobres, empobreciendo aún más a sus agricultores.

Si se fracasa en hacer una efectiva previsión para el Trato Especial y Diferenciado (TED) de los países en desarrollo es otro punto que puede causar llaga. La Asociación de Estados del Caribe ha estado trabajando en las características técnicas de un régimen de TED para las economías pequeñas, que se refinará más en un seminario en Caracas dentro de unos días durante este mes.

Cancún fracasó en el alcance de un “consenso explícito” sobre las negociaciones de nuevos temas porque estas preocupaciones no fueron tratadas de manera adecuada. Lo que sí fue nuevo fue la unidad y determinación de los países en desarrollo, incluyendo a los más grandes (China, India, Brasil) representados por el recién formado Grupo de los 21.

Cancún demostró que dicha unidad entre los países del Sur puede afectar el resultado de las negociaciones globales. Esto aplica a otros escenarios de negociación, como las finanzas y el ambiente. Y es una lección objetiva sobre nuestra necesidad de unidad en el Gran Caribe.

El Profesor Norman Girvan es Secretario General de la Asociación de Estados del Caribe. Los puntos de vista expresados no son necesariamente los puntos de vista oficiales de la AEC. Comentarios y reacciones pueden ser enviados a mail@acs-aec.org

16 de Septiembre de 2003

 
   
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