Negociaciones
Comerciales y Estándares Laborales
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No cabe duda de que este es un momento trascendental para la economía mundial y para los procesos de negociaciones comerciales que le están dando forma.. Dentro de dos semanas, los Ministros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) se reunirán en Cancún, México, para sostener una reunión decisiva para el futuro de las negociaciones dentro de la ronda de Doha, y para entablar discusiones sobre cuestiones que revisten un interés particular para los países en vías de desarrollo, como son la agricultura, los servicios, los subsidios y el trato especial y diferenciado. Tres meses después, los Ministros del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) celebrarán su reunión en Miami, EE.UU., con la finalidad de sentar las bases para el sprint final de 12 meses, el cual debería concluir con el establecimiento del ALCA a finales del 2004. La reunión en México tiene lugar en un momento en el que los países en vías de desarrollo se encuentran desilusionados con el proceso de liberalización y la no materialización de los beneficios prometidos. Hoy en día es evidente que a pesar del reconocimiento que se hizo en Doha, y que quedara reflejado en el programa de trabajo allí establecido, sobre la necesidad de incluir las preocupaciones de los países en vías de desarrollo, el poco avance alcanzado hasta ahora en cuestiones claves, como son la agricultura y el trato especial y diferenciado, pone de manifiesto las dificultades de los Ministros para obtener acuerdos significativos en su reunión en México y, ciertamente, compromete los resultados de las negociaciones y el futuro de la ronda misma. Los esfuerzos desplegados fuera de los canales oficiales de la OMC no han sido efectivos. La reunión de Ministros procedentes de 25 países efectuada en Montreal, Canadá, el pasado mes de junio, y la reciente declaración conjunta emitida por los Estados Unidos y la Unión Europea, sobre la reducción de los subsidios a la agricultura, no han podido salvar las diferencias en las posiciones de los países desarrollados y los países en vías de desarrollo. El sentimiento que prevalece hoy es que las negociaciones futuras solo serán significativas para los países en vías de desarrollo, si el esquema comercial a implementar es diseñado con el objetivo explícito de obtener el tipo de crecimiento económico que conlleve al enriquecimiento de nuestros pueblos en todas las dimensiones. Se ha hecho evidente la necesidad de introducir la dimensión humana en la ecuación comercial. Con el propósito
de alcanzar este objetivo, el esquema comercial tiene que responder
a las necesidades de los países en materia de desarrollo, permitiéndoles
no sólo competir con efectividad, sino también aprovechar
al máximo los beneficios para fomentar su desarrollo como sociedad.
Con este fin, el esquema comercial tiene que incorporar espacios para
el desarrollo de políticas que profundicen los lazos entre el
progreso comercial, social y económico. Las nuevas normas en
la esfera comercial deben otorgarle a nuestros países la flexibilidad
necesaria para trabajar en pos de sus objetivos en función del
desarrollo. La viabilidad a largo plazo de los actuales esquemas comerciales descansa en gran medida en la incorporación de las inquietudes de los países en vías de desarrollo. Sólo esto le otorgará credibilidad al sistema comercial multilateral y a aquellos que se encuentran en curso a nivel regional. La sostenibilidad de los esquemas comerciales depende también de la eliminación de las brechas, en términos de ingresos y desarrollo, que existen entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo – este debe que ser otro objetivo explícito de los esquemas comerciales. Tales ideas forman parte de una nueva visión sobre el papel que juega el comercio. En esta nueva óptica, el desarrollo humano a largo plazo está en el centro y es la razón de ser de los esquemas comerciales. Dicho enfoque exige un elemento que hasta ahora ha permanecido ausente de las relaciones comerciales entre el mundo desarrollado y el mundo en vías de desarrollo: la solidaridad. Cosechar los beneficios del proceso de liberalización requerirá de las habilidades negociadoras de los Gobiernos y del ingenio del sector empresarial, así como de la participación activa de la sociedad civil en su conjunto. El éxito con que respondamos a este reto, es lo que determinará si las nuevas realidades en la arena comercial mejorarán o no el bienestar de nuestros pueblos. Las preocupaciones e intereses que comparten los países del Gran Caribe, ofrecen amplios espacios para la cooperación, para complementarse entre sí y para la creación de consensos. La AEC está jugando un papel cada vez mayor como facilitador de la cooperación y el diálogo en el Gran Caribe, un papel que complementa los esfuerzos de nuestros países por integrarse de manera efectiva a la economía internacional y elevar el bienestar de nuestros pueblos.
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