| En el día de hoy, se encuentran reunidos en Panamá los cancilleres de los países integrantes de la AEC. Se trata de una reunión preparatoria de la IV Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno que sesionará el viernes veintinueve en la misma ciudad.
Esta IV Cumbre ha sido muy esperada por los propios miembros de la Asociación, debido a que la misma coincide con los primeros diez años de su fundación.
El Gran Caribe es un concepto político creado por este cónclave para sentar las bases de la unidad de los países miembros de la AEC. Con dicho concepto, el más incluyente de los que definen la zona aledaña al Mar Caribe, pone de relieve los rasgos históricos comunes, sociales y culturales de sus integrantes. Geográficamente, vincula a las Antillas y a una multiplicidad de países cuyos territorios no son enteramente caribeños, sino que los comparten con otras zonas como Centroamérica, Norteamérica, los países andinos y otras áreas de Suramérica.
Cuando se tomó la decisión de crear la AEC, no sólo se tenía conciencia de lo que se quería unir, sino también de las dificultades que ello entrañaba, prevaleciendo el deseo de satisfacer la necesidad de fortalecer la estrategia de negociación del Gran Caribe, frente a los múltiples escenarios de la cooperación internacional, incluyendo la negociación comercial y política, demandadas por los retos que impone el avance de la globalización.
En aquel momento, muchos de nuestros líderes sólo tenían referencias lejanas entre sí, como dijera un colega caribeño, se trataba de ¨vecinos indiferentes¨. Sin embargo, desde 1994 a esta fecha, es mucho lo que se ha logrado en términos del acercamiento entre los países y si bien, todavía no podemos hablar del milagro de la unidad caribeña, podemos decir que las relaciones se han profundizado y por lo menos hemos dejado atrás la ¨indiferencia¨, demostrando interés sobre los problemas comunes y los particulares de cada quien. Es justo reconocer que el liderazgo del Gran Caribe, ha dado lugar a un hecho histórico, pues han logrado unir lo que cinco siglos de historia nos habían negado. Por esa razón he venido diciendo que el solo hecho de haber mantenido una dinámica unitaria durante esta década, es un logro extraordinario, pues antes de 1994, era inconcebible exhibir la familiaridad con la cual los jefes de Estado y de Gobierno se tratan mutuamente y de conjunto. Esto ha facilitado entre otras cosas, un mayor acercamiento entre nuestros pueblos, una creciente solidaridad, y la negociación conjunta de acuerdos y proyectos de cooperación para apoyar el desarrollo social.
Para llegar a este punto, hemos pasado por encima a las barreras idiomáticas, a las asimetrías, tanto territoriales, poblacionales, como económicas y hasta las diferencias políticas se han manejado sin divisiones ni distanciamientos. Es decir, que ha prevalecido la voluntad política de mantener este espacio unitario como un instrumento para la cooperación.
El balance de los diez primeros años es positivo. Podríamos no estar satisfechos en relación a las cosas que aún nos quedan por hacer, pero lo cierto es que hemos adquirido una gran experiencia de trabajo conjunto y sentado las bases para abrir una nueva etapa en el desarrollo de la cooperación. No obstante el futuro de la AEC es promisorio, pues en esa Cumbre se conocerá una propuesta de Nueva Visión, con la cual se pretende que ese organismo amplíe la dimensión de los proyectos y programas, para que se vinculen más directamente al desarrollo y respondan a la estrategia de la lucha contra la pobreza común a todos los países que la integran.
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