“Llegó verticalmente, abriendo un agujero de diez Km. en la atmósfera, generando temperaturas tan elevadas que el aire mismo comenzó a quemarse. Cuando golpeó la tierra cerca del Golfo de México, la roca se convirtió en líquido y se dispersó en olas gigantescas que no se congelaron hasta que se formó un cráter de doscientos Km. Este fue solo el comienzo del desastre…” Arthur C. Clarke: “El Martillo de Dios”
Así describe Clarke el desastre “documentado” más grande ocurrido en el Gran Caribe (65 millones A.C. aproximadamente), último llamado a comer para los dinosaurios e inicio del “conteo final para el Hombre”. Los reptiles, antiguos inquilinos del planeta, no tuvieron elección sobre su desalojo.
Aunque nuestra región continúa sufriendo los efectos devastadores de los desastres, hoy en día podemos contar con sistemas de alerta temprana, los cuales deben seguir recibiendo la atención de las autoridades nacionales y regionales.
En los últimos tiempos se ha manifestado un renovado interés en esta tecnología por parte de varios entendidos de nuestra región, de manera más alarmante luego del Tsunami en el sudeste asiático, toda vez que se ha infundido en la población lo que viene a ser una especie de amenaza fantasma cuando se compara con la necesidad real de enfrentar la ocurrencia de desastres reales que, sin duda alguna, seguirán afectando al Gran Caribe con más vigor y frecuencia. A saber: huracanes, terremotos, deslizamientos de tierra e inundaciones, erupciones volcánicas, sequías, etc.
Hace poco, una buena representación de la AEC insular y continental, así como de los Sistemas de las Naciones Unidas y Panamericanos, además de las principales agencias para los desastres de los subgrupos de la Asociación de Estados del Caribe, se reunieron en un taller de la AEC para las Autoridades Nacionales sobre Gestión de Riesgo, efectuado en La Habana, en un gran esfuerzo regional dirigido a implementar el Marco de Acción de Hyogo aprobado en la Conferencia Mundial sobre Reducción del Riesgo, realizada en Japón en enero de 2005. El encuentro estuvo patrocinado por Turquía y el Reino Unido, así como también por el Sistema de las Naciones Unidas y la AEC.
El propósito de la Reunión era fortalecer el intercambio y la cooperación, así como también desarrollar más alianzas entre los países e instituciones de la Asociación, con el apoyo de las Naciones Unidas, de iniciativas regionales como la AEC y de otras agencias de cooperación. Aunque los participantes entablaron un saludable debate, se manifestó un amplio consenso acerca de las cuestiones básicas.
Si bien la mayor parte de los países de la región se muestra particularmente vulnerable ante los efectos de los peligros naturales, algunos están mejor preparados y dispuestos a ofrecer su cooperación. Además, como quedó demostrado hace poco con Iván, dos o más Miembros de la AEC pueden recibir el impacto de un mismo evento, lo cual no hace más que reafirmar el planteamiento de la necesidad de apoyar los mecanismos y capacidades para los desastres a escala regional, así como también los de la ONU, para que estos puedan responder de manera efectiva a varios desastres simultáneamente.
Con este fin, no se puede exagerar la necesidad de mejorar el intercambio de información sobre la reducción del riesgo ante los peligros, las lecciones aprendidas y las mejores prácticas durante todo el ciclo de ocurrencia de un desastre (preparación-respuesta-recuperación), el cual comienza antes de la alerta temprana, ni tampoco la idoneidad de la AEC para cumplir con este propósito. Por ejemplo, la urgencia de fortalecer las capacidades regionales para lograr una recuperación temprana luego de la ocurrencia de un desastre, que integre de forma efectiva la reducción del riesgo al proceso de recuperación e impida la reconstrucción con estándares pre-desastre, ha sido un aspecto abordado en el CD-ROM de la AEC sobre los códigos de construcción para vientos y terremotos.
Aunque no se minimiza la importancia de la alerta temprana, tenemos que reconocer que, hasta tanto seamos capaces de detener físicamente a un fenómeno natural (lo cual que no será pronto), mientras una humanidad que no preparada permanezca expuesta al peligro, el precio de la conformidad seguirá siendo el sufrimiento y el desarrollo atrofiado. |