| “No hay proa que taje una nube de ideas…Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos.”
José Martí, Nuestra América.
Una popular evasión intelectual en el debate sobre nuestra integración ha sido el viejo dicho de que mientras que los pueblos se abrazan, los líderes dan la espalda. Peligrosa sofistería que, si uno realmente cree en la democracia, denota un liderazgo ciego o un electorado indolente.
Aunque pudiera haber algo en la crítica popular a las Cumbres y al reunionismo (demasiadas, muy frecuentes, muy costosas, muy pocos resultados) un análisis más informado revela que algunos momentos cruciales importantes se deben a estos eventos. Si la democracia está destinada a ser una cuestión de abajo hacia arriba, de ello mismo se desprende que se espera que los líderes electos nos guíen y por ende, cuando incluso se estanquen las mejores intenciones, que estos puedan sacar provecho y nuevas ideas a partir de “La Vista desde lo Alto”.
La IV Cumbre de la AEC, celebrada en Ciudad Panamá, el 29 de julio, pisándole los talones a nuestro X Aniversario, llega cuando la Asociación ha alcanzado un nivel de madurez que demanda una Nueva Visión para el futuro. Nuestros líderes han reconocido que el momento es adecuado para seguir adelante con mayor rapidez en pos de nuestros objetivos a través de la promoción de una mayor consulta y cooperación, tomando en cuenta la dinámica de la amplia agenda internacional.
Sí, la Declaración de Panamá puede que sea un poco larga. Se adentra en una serie de tópicos que quizás no guarden relación en toda su integridad con nuestro trabajo. Se refiere al apoyo de los países al sistema multilateral, con la ONU y su Carta como eje central. Aborda la cooperación en materia energética, el terrorismo, las drogas, la democracia, la corrupción y la administración pública efectiva, la soberanía y la no intervención, los discapacitados, el VIH/SIDA, los pueblos indígenas y los derechos humanos.
Tengo que señalar también que la Cumbre avanzó un poco más en su afiliación a la democracia, al rendir un Tributo especial al ex Presidente de Trinidad y Tobago, S.E. Arthur N.R. Robinson, por su contribución a la creación de la AEC, su coraje personal en la defensa de la democracia y el importante papel que jugó en el nacimiento del Tribunal Internacional de Justicia.
Aunque muchos se sienten inquietos con la inserción de estos temas que supuestamente “no pertenecen a la AEC”, hay que reconocer que, al hacerlo, los líderes recalcan que lejos de ser un círculo de trabajo o una agencia de cooperación, la AEC es, sin lugar a dudas, el mecanismo concebido en su Convenio Constitutivo de 1994, es decir, la AEC fue y es, desde su mismo inicio y las circunstancias en que nació, unforo político. Más allá de esto hay que dejar sentado también que para los líderes nacionales sería inconcebible abandonar los principios fundamentales y los compromisos centrales entre un foro y otro.
Nada de ello pretende restarle importancia a los logros de la Cumbre en cuanto a los mandatos específicos de la AEC, ya que el apoyo político de los Jefes se puso de manifiesto en todas las áreas.
El Mar Caribe es nuestro patrimonio y nuestros líderes, como sus salvaguardas, se comprometieron a seguir trabajando para lograr que sea reconocido por las Naciones Unidas como un área especial en el contexto del desarrollo sostenible. Elevada aspiración esta, ya que su intención es ir más allá de una mera declaratoria, de manera tal que podamos obtener la asistencia necesaria para contraer seriamente la responsabilidad de asumir con efectividad la soberanía de las aguas que, en el caso de algunas naciones del Caribe, sus dimensiones pueden ser mayores que las de sus áreas terrestres.
Se reconoció nuestra vulnerabilidad ante los desastres naturales y el impacto negativo que estos tienen en los esfuerzos encaminados a asegurar el desarrollo sostenible (socioeconómico. Además los Jefes concordaron en que la mejor manera de combatir esta vulnerabilidad ante los desastres naturales es integrar el manejo de los desastres y la reducción del riesgo a las políticas y planes para el desarrollo, y reafirmaron la importancia de la cooperación internacional y regional en este sentido.
Los Jefes ratificaron asimismo la triste situación que representa un comercio intra-Caribe que ocupa solo el 8% del comercio global de nuestros países, y la necesidad de promover la inversión regional para amortiguar nuestra dependencia de las (con frecuencia inconstantes) inversiones extra-regionales. Se aprobaron las conversaciones acerca de un acuerdo de la AEC sobre la promoción y la protección a la inversión, y la labor emprendida por la Asociación para apoyar el desmantelamiento progresivo de los obstáculos al comercio y la movilidad de capital recibió respaldo también, al igual que la insistencia en reconocer las vulnerabilidades especiales de las pequeñas economías.
Como el turismo es una de nuestras fuentes más importantes de inversión extranjera directa y de entrada de divisas, así como también un proveedor importante de empleos en la región, la AEC recibió el mandato de continuar trabajando en el incremento de la cantidad de visitantes. Los líderes subrayaron el hecho de que el Convenio para Establecer la Zona de Turismo Sustentable del Caribe crea la primera zona de este tipo del mundo, sentando las bases para promover un producto turístico que se corresponda con el objetivo de atraer un turismo conciente desde el punto de vista ecológico, así como también con el desarrollo entre todos nosotros de una industria turística con una conciencia medioambiental y socioeconómica.
Se abordó además la situación del transporte aéreo y marítimo en el Gran Caribe, ya que se reconoció que el transporte es una vía para fortalecer los lazos regionales, especialmente en las esferas del comercio y el turismo. En ese sentido se recalcó a la AEC como un instrumento para abordar los principales retos que se presentan al transporte marítimo y aéreo en el marco del programa de la Asociación: Unir al Caribe por Aire y por Mar. No obstante, y tengo que decir que para regocijo propio, en el tono de la Declaración y el debate está implícito el reconocimiento de que los males del comercio y el turismo en nuestra región no se dejarán más ya únicamente en las manos de la industria aérea y naviera.
Volviendo a la política, tanto en la Declaración como en el debate, los Jefes trazaron una línea inquebrantable entre la acción concebida y la meta máxima de la AEC: trabajar por el desarrollo social y económico de nuestros pueblos, combatir la pobreza, el hambre y la exclusión social, y que el Gran Caribe ocupe el lugar que le corresponde en el mundo, siendo así que:
“El movimiento de integración regional del Caribe alcanzará el éxito en la medida en que… nos esforcemos diligentemente por lograr un Nuevo Orden Humano Global” Cheddi Jagan, From Montego Bay to Georgetown
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